jueves, 24 de septiembre de 2009

lucy evolucion

Lucy
Johanson, 1974
La primera en erguirse

El esqueleto de un prehomínido de 3'5 millones de años de edad precisó de modo definitivo la antigüedad de la raza humana.

E130 de noviembre de 1974, a unos 150 km al norte de Addis-Abbeba (Etiopía), en un lugar llamado Ha­dar, el paleoantropólogo americano Donald Johanson, que exploraba esta fértil región en busca de vesti­gios prehistóricos, realizó un des­cubrimiento inesperado: un esque­leto prácticamente completo de un homínido, es decir, de una rama distinta a la de los grandes monos, que constituía una etapa hacia la raza Homo y cuyos individuos se caracterizaban por rasgos determi­nados como el de la posición ergui­da.

Una mujer de 1 m de altura

Una vez que se hubo reconstruido el esqueleto, se descubrió, por las proporciones de la pelvis, que per­tenecía a una hembra. Se la llamó «Lucy» en homenaje a la canción de los Beatles, Lucy in the sky with dia­monds, pues, para la paleantropolo­gía era sin duda un descubrimiento fabuloso. De 1 m de altura, dotada de un cráneo minúsculo, Lucy, por la forma específica de la pelvis, ha­bía andado sobre sus miembros posteriores, signo formal de una evolución hacia la homización. La articulación de la rodilla confirma­ba dicha evolución.

La edad de Lucy

Faltaba por determinar la «edad» del fósil. La datación de las mues­tras minerales de su emplazamien­to mediante el método potasio/ar­gón dio la cifra de 3 millones de años, con un margen de error de 200.000 años más o me­nos. Pero la datación por paleomagnetismo indicó 3'5 millones de años. Este modo de datación se basa en el hecho de que el magne­tismo terrestre ha variado numero­sas veces en el curso de los mile­nios. Como queda «impreso» en las capas de terreno en formación, en la lava volcánica en estado de fu­sión y en el barro cocido, y puesto que se pueden reconstruir sus va­riaciones sucesivas con relativa exactitud, es posible medir la anti­güedad de una muestra midiendo su declinación magnética.

Hasta 1977, y tras numerosas ve­rificaciones, la comunidad científi­ca no tomó en consideración el des­cubrimiento de Johanson y de su equipo de la International Afar Rese­arch Expedition. La revista Science, órgano de la Asociación Americaria para el Progreso de las Ciencias, au­toridad incontestable, aceptó publi­car el descubrimiento de Johanson de un homínido que desde enton­ces se llamó Australopithecus afaren­sis.
Johanson publicó asimismo una teoría de la evolución de los homí­nidos hasta la aparición del hombre moderno, Homo sapíens sapiens, en función del descubrimiento de Lucy. Para él, Lucy representaba el primer estadio conocido de la pos­tura erguida o bípeda y, por tanto, un punto de unión entre los gran­des monos y los homínidos. Sin embargo, los A. afarensis no fabrica­ban utensilios, por lo que se encon­traban en un nivel de evolución anterior al del Homo habilis, aparecido hace dos millones de años. Los A. afarensis, que medían algo más de 1 m, habrían dado origen, decía Jo­hanson, basándose en índices an­tropológicos extremadamente com­plejos, a dos ramas: por una parte, a la de unos australopitecos ya des­cubiertos, el A. africanus, llamado asimismo gracilis por su reducido tamaño y constitución media, que apareció hace 2'5 millones de años; y el A. robustus, de 1'50 m de altura, aparecido hace 1'5 millones de años; por otra parte, al Homo habilis, aparecido hace 2 millones de años y de 1'50 m de altura, al Homo erectus, que apareció al mismo tiempo que el A. robustus, es decir, hace 1'5 mi­llones de años, y de 1'50 m de altu­ra y al Homo sapiens, de entre 1'50 y 1'80 m de altura, que apareció hace 200.000 0 300.000 años. La idea de dos ramas provenía del grado de evolución claramente diferenciada de dos especímenes que aparecie­ron en la misma época, el A. robus­tus y el H. erectus. Dos tipos con­temporáneos tan diferentes sólo podían haber seguido caminos evo­lutivos muy distintos. Además, ha­bía un claro parentesco antropoló­gico entre el H. erectus y su inmedia­to predecesor, el H. habilis, en tanto que este parentesco era mucho me­nor entre el H. habilis y el A. robustus, que, sin embargo, apareció después. Este árbol genealógico, que apenas se discute, al menos en sus lineas ge­nerales, es totalmente coherente. En los orígenes de la especie a la que pertenecía Lucy, un A. afarensis, Jo­hanson situaba el ramapiteco, de 8 millones de años de edad, y cuya descripción sigue siendo bastante especulativa, pues aún no se ha en­contrado un esqueleto completo.

¿Antepasados de Lucy?

El punto sobre el que la comunidad de los paleoantropólogos y, sobre todo, la célebre familia Leakey -Louis, el padre, Mary, su mujer y Richard, el hijo- no estaban de acuerdo con johanson es éste: jo­hanson situaba el comienzo del mo­vimiento hacia la hominización en Lucy, es decir, en el A. afarensis. En su opinión, Lucy era la abuela leja­na de la Humanidad. Es cierto que no se ha encontrado un espécimen más antiguo que fuera bípedo. Se ignora cómo se sostenía el ramapi­teco.

La hominización

Para los Leakey en particular, Lucy no anuncia la raza Homo, sino que ya se halla vinculada a ella. La ho­minización comenzó sin duda mu­cho antes, quizá hace 10 ó 20 millo­nes de años. La paleoantropología sigue buscando el «eslabón perdi­do». Pero Lucy, en cualquier caso, ha demostrado que la hominiza­ción ya estaba en curso hace 3'5 mi­llones de años.

Más:

Los bípedos

Para el americano Owen Lovejoy, la lo­comoción sobre los miembros posterio­res no constituye una evolución del mono al hombre pro­piamente dicha, ya que el mono puede muy bien andar so­bre las patas y sólo utiliza las manos por adaptación a un me­dio silvestre. Para este especialista de la locomoción, el ser bípedo se relaciona con una estrategia de reproducción con­sistente en tener po­cos descendientes y dedicarles muchos cuidados. Así, la hembra se habría vis­to constreñida a an­dar erguida para ¡le­varlos de manera más segura. Este modo de locomoción puede que aparecie­ra en las sabanas.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

guitarras

se utilizan para la musica